Micro-escritos parte 2

Lucha interna
1.
Siempre hay un lado vil en cada persona
un segmento obscuro, con ideas pérfidas
donde lo denigrante se torna común
y la bondad es escasa desde su concepción 

En cada decisión importante se asoma
en cada situación crucial se divisa
buscando estropear, entorpecer
las buenas intenciones, el andar incorruptible

Hay que mantenerlo aislado
no darle chance
es una pelea constante
una lucha interna

Y cuando se pierde
es decir, cuando se deja ganar
no hay nada que reprochar
sólo aceptar lo que se es

Y reanudar la lucha.


Coraza quebrada
No hay nada que conmueva más el corazón, que ver cuando una de esas personas inflexibles, crudas, realistas; de esas que te dicen la verdad en la cara sin mostrar una mínima sensación de lástima, ni de misericordia, deja de lado todas sus apariencias, su escepticismo, su indolencia, y llora. Y lo hace de manera natural, con la tristeza empuñada en su alma, con el arrepentimiento ardiendo en su corazón, con la coraza que encubre sus sentimientos

quebrada. 



Solos en la multitud
Estábamos solos, es decir, con personas alrededor, pero con mi atención puesta únicamente en ella y su atención puesta únicamente en mí. Hablábamos, nos mirábamos, sonreíamos; y no existía, en ese momento, nadie que nos hiciera desviar de nuestro interés, nadie que pudiera romper esa suerte de conexión que resultaba exquisita y sedante. Sí, estábamos rodeados de gente, y a la vez solos, porque nuestras almas así lo querían.


Qué bonito
Qué bonito es cuando lográs entrar a la vida de una persona fría, seca, escrupulosa en cuanto a los sentimientos, indiferente... Y de paso también lográs que manifieste -de manera natural y sin obligaciones-, ese lado tierno, afable, sensible, acogedor. 

Qué bonito es cuando ayudás a destruir las prevenciones, los paradigmas, los prejuicios que acompañan a una persona... Y de paso también ayudás a que exprese, sin miedos, ni recelos, lo que realmente siente. 

Qué bonito, y qué peligroso es, provocar tal osadía en alguien, sin tener la intención concreta de quedarse.


Haciéndolo al revés
Qué bueno, y qué interesante sería, que al conocer a alguien, uno no comenzara diciendo lo bueno que se cree, las virtudes que según lo acompañan, los rasgos y actitudes que acaso deslumbran a los otros, y todos esos andamios en los cuales uno se apoya para lograr una buena impresión; sino más bien diciendo los defectos, los vacíos, las mañas, lo oscuro del pasado, lo desgraciado del presente, y las dificultades para mejorar en un futuro. Sincerarse de tal forma que esa persona sepa, de una vez y por todas, a lo que se enfrenta, que sea consciente de lo que uno es capaz -y de lo que no también-.


Conversación # 1
- Quisiera saber por qué los hombres dicen tantas barbaridades, es decir, ¿alguna vez han considerado cortejar a una mujer con total sinceridad?

- Lo dudo María Camila, la mentira es algo inherente al hombre. Pero lo infame no es eso, sino que las mujeres nos creen.
- Tenés razón. No se quién es más idiota, si el hombre que se insinúa con mentiras o la mujer que le cree.
- Ambos. Pero el hombre, además de idiota, es miserable.

Conversación # 2
- La gente quiere cosas, anhela situaciones, desea logros, pero sólo lo dicen, lo refunfuñan. Pienso yo... ¿Qué hacen para conseguirlo?
- ¡Nada!, la mayoría se deja llevar por las trivialidades, las numerosas trivialidades que uno se encuentra en esta vida, ¡Qué lamentable aquel que abandone un sueño por una emoción!
- Sí... Pero, lo peor de esta situación es que algunos todavía piensan que hay que ser una especie de "súper hombre" para lograr lo que uno quiere, y ¿te digo algo? Lo único que se necesita, es tener huevos.

Conversación # 3
- ¡Estúpidos celos!, si tan sólo tuviera un poco de valentía para decirle...
- ¿Qué? ¿qué pensás decirle después de que te desapareciste otra vez como un fantasma, después de que te evaporaste sin decir ni una palabra?
- ¡Yo sé! ¡Es estúpido! Pero le diría que no la amo y que tampoco estoy enamorado, que no conozco su historia con él y mucho menos lo que le hace sentir, ¡le diría que ni siquiera estoy seguro de ser el indicado para ella! Pero que la conozco, la conozco lo suficiente como para percibir que en sus ojos y en sus palabras hay un sentimiento vivo hacia mí, y que a pesar del tiempo y la distancia absurda, cada vez que hablamos nos sentimos cercanos y flamantes... Eso le diría.
- Muy lindo, casi me conmueve tu discurso, qué gran elocuencia tenés... pero ¿sabes qué? No sirve de nada lo que decís. Porque son sólo palabras. Y de una vez te lo digo, si no estás dispuesto a ser consecuente y coherente, mejor no le digás nada.


-Jose.

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