Era noviembre
Después de terminar el café miré hacia la ventana. Estaba empañada, y con las marcas de la lluvia parsimoniosa; el día parecía más oscuro que de costumbre, no se escuchaban gritos de niños en la calle, ni pitos de carros, ni bullicio de la gente: Era noviembre. Ella entró sin decir nada, dejó la gabardina colgada en el perchero y se sentó frente a mí. Como si fuera escena de protocolo, sacó la cajetilla de cigarrillos, prendió uno, y en seguida preguntó qué pensaba. Seguí mirando la ventana mientras el humo se esparcía lentamente en la atmósfera, y luego de un momento solté el pocillo y la miré. Su apariencia no era la más impecable y aún así se veía hermosa. Tenía en su mirada algo de odio y de ternura. Siempre me pregunté cómo dos esencias tan diferentes cabían en una sola mirada. Y por querer encontrar esa respuesta, estaba allí, sentado, débil, e impotente. "Vine a despedirme", dijo mientras apagaba el cigarrillo aplastándolo...