Grito de paz
El lugar es azotado por el candente sol del mediodía, no hay brisa, ni señales de una pronta lluvia. Los cantos de las aves no se oyen. Tampoco se escuchan risas; sólo voces de madres y niños lamentándose. La música no es más que los sonidos de las metrallas cayendo, las granadas explotando, y las hélices de uno que otro helicóptero que merodea el lugar.
El ambiente es desolador. Hay escombros, suciedad, maleza, y una pared apenas estable. Él se encuentra ahí, sentado en un banquillo maltrecho, que escasamente le sirve para alcanzar a apoyarse en el escritorio. Su rostro está mugriento a causa del polvo, y sus mejillas rojas a causa del bochorno; la ropa que lleva puesta se divisa desgastada, sucia, y da un aspecto de insurgente. Su expresión es fuerte, en sus ojos se percibe la angustia, y su respiración agitada revela su miedo.
Tiene una hoja en blanco, y un par de crayolas. Intenta dibujar con fluidez, pero...
¡Agacha su cabeza!
¡Se cubre!
¡Mira a su alrededor!
Dibuja con mayor velocidad, su ritmo cardíaco aumenta, y así mismo su respiración. Intenta otra vez, después de una línea trazada...
Dibuja con mayor velocidad, su ritmo cardíaco aumenta, y así mismo su respiración. Intenta otra vez, después de una línea trazada...
¡Agacha su cabeza de nuevo!
¡Sacude los escombros!
¡Mira hacia el cielo!
El temor se apodera de él, su pulso es cada vez más frágil, y su expresión revela cada vez más su horror. Suda, se agita, pero no deja de empuñar su crayola...
¡Se cubre seguidamente!
¡Sacude de nuevo los escombros!
Cubre sus oídos...
- ¡BASTA! ¡NO MÁS!
Grita el niño buscando la paz,
buscando su paz.
El silencio es ensordecedor. En su cara se divisa el sosiego, y mira hacia el cielo satisfecho. Con calma termina de dibujar. La hoja en blanco ahora tiene tres letras, de diferente color cada una.
Una P amarilla.
Una A azul.
Una Z roja.
-Jose
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